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miércoles, 19 de abril de 2017

Educación para la Salud, trastornos alimenticios y gestión del estrés



La Educación para la Salud es una de las disciplinas más jóvenes dentro del ámbito de las ciencias de la salud. Históricamente este término ha sido usado para instruir conocimientos a personas a las que se las consideraba desprovistas de mecanismos cognitivos sobre el modo de evitar enfermedades.
 
La Organización Mundial de la Salud (1969) la define de la siguiente forma:
"La Educación para la salud se basa en inducir a las personas a adoptar y mantener las costumbres de una vida sana, a utilizar razonablemente los servicios sanitarios puestos a su disposición y también a tomar decisiones, individual y colectivamente, para mejorar su estado de salud y el del medio en el que habitan."
 
La salud es una responsabilidad personal, es decir, cada uno es responsable de su propia salud, y de la necesidad de eliminar los riesgos de la enfermedad. La salud no solo depende de los rasgos genéticos u hereditarios de cada individuo, sino que, además siempre es modificable.
 
Además, es una responsabilidad colectiva, lo que quiere decir, que se hace necesaria la adquisición de un bagaje cultural, una información y unas actitudes que nos permitan resolver los problemas de salud. Con esta información cada persona puede gestionar su salud.
 
 
Por ambos motivos, la Educación sanitaria en la escuela cobra sentido. La escuela, por tanto, constituye un lugar básico de referencia donde se pueden dar vida los programas sanitarios: la colectividad, la disponibilidad de medios, la implicación y el ámbito tan idóneo hace que esta institución sea parte de las bases de la educación para la salud.
 
Los factores que influyen en la salud
 
 
 
Los objetivos de la educación sanitaria en la escuela
 
Este tipo de educación parte de tres objetivos básicos:
 
1. Desarrollo de las actitudes e ideales que motiven a cada individuo a obtener el mayor grado posible de salud y bienestar.
 
2. Adquisición de los conocimientos necesarios para la promoción y protección de la salud.
 
3. Establecimiento de hábitos y prácticas esenciales para la salud.
 
Cada uno de estos tres objetivos sirve como base y vehículo para la consecución de los demás.
 
La persona más indicada para influir favorablemente en la salud de los niños es el maestro. Éste puede participar de varias formas:
 
1. Cooperando con el servicio médico de la escuela, o de los colectivos que acudan al centro para fomentar este tipo de cooperaciones.
 
2. Descubriendo los problemas en la salud de los niños, pudiendo notificar dichos problemas a los responsables, para así prevenir, corregir o evitar que progresen dichos problemas.
 
3. Procurando que el ambiente escolar sea agradable, haciéndoles responsables de su propia higiene, de sus cosas y de los recursos con los que cuenta el centro.
 
4. Promocionando la educación positiva, felicitando las actitudes adecuadas.
 
 Hoy, son muchas las facilidades que desde la escuela se proporcionan a los padres, en cooperación con servicios sanitarios, para la prevención y/u tratamiento de diversos tipos de problemas. Son muchos los centros que realizan revisiones periódicas de los ojos, dientes y nutrición.
 
 
Es en esta última en la que se está haciendo más hincapié en los últimos años, ya que, muchos de los trastornos, como la bulimia, o la anorexia comienzan a despertarse en esta etapa primaria y para la que su prevención es fundamental.

 
 
Y desde la Universidad Internacional de la Rioja han querido hacer especial mención, publicando una openclass donde la doctora Victoria Sánchez López habla sobre la detección de los trastornos alimentarios en el aula.
 

 
Gestión del estrés
 
 
Vivimos en una sociedad caracterizada por la rapidez, por el estrés y por tener a nuestra disposición todo el conocimiento del mundo, en cualquier momento, a un clic, desde cualquier sitio. Y nos está pasando factura.
 
Nos pasa factura a nosotros, pero más concretamente a los niños, que tienen que vivir en un sinsentido donde prima más lo material a lo intelectual, donde los niños y niñas de 9 años se pasean de un lugar a otro con un móvil en la mano con el pretexto de localizar a los padres, pero que arraiga una serie de problemas mucho mayores.
 
 
Vivimos en una sociedad sin tiempo, donde la excusa es estar haciendo otra cosa, pero nunca estudiando. Y lo peor de todo, no nos damos o no queremos darnos cuenta, de que ya sea cerca o lejos, eso, nos pasa factura. Y son ellos, los que lo pagan.
 
No es infrecuente encontrar un niño agobiado, estresado o que acusa a sus padres de su falta de tiempo, interés o motivación, y eso genera niños con trastornos de atención, con problemas que dejan aulas destrozadas. Y no solo ellos, sino nosotros, nosotros, los maestros, por nuestra falta de tiempo también.
 
Resulta que están sobreestimulados, y es verdad. Resulta que cada vez tienen menos infancia, y es verdad. Resulta que no saben fracasar, y es verdad.
 
¿Cómo reconocer a un niño estresado?


Si bien no es fácil reconocer el estrés en los niños, existen cambios a corto plazo en la conducta (cambios de humor, trastornos del sueño..) que pueden ser indicadores. Algunos niños experimentan además efectos físicos, como dolores de cabeza o de estómago, y otros comienzan a tener problemas para concentrarse o pasan demasiado tiempo solos.

Los más pequeños pueden crear nuevos hábitos, como chuparse el dedo, pero los mayores desafían a la autoridad, mienten e incluso pueden llegar a agredir.

Algunos consejos para reducir el estrés en niños

1. Estiramientos.


2. Ejercicio.


3. Yoga, que ayuda a controlar la ira.



4. Musicoterapia, en auge, ayuda a acelerar el proceso de aprendizaje y la concentración.

5. Meditación.


Bibliografía
 
Organización Mundial de la Salud, Sr Informe Tec., 432, 1969
 
 

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